L aniversario

El maestro Hiruma. Una historia de determinación.

 

Hace unos meses celebramos el 50 aniversario de la llegada del maestro Hiruma a España, en el año 1966, cuando se estableció en Madrid, donde empezó a enseñar karate al poco tiempo de su llegada. Sus comienzos no fueron fáciles: el karate era prácticamente desconocido en España, la situación económica de este país no era precisamente boyante en aquellos años y la situación política tampoco era fácil, el régimen del General Franco estaba en sus momentos álgidos; superado el aislamiento internacional y firme aliado de Estados Unidos, España iba a conocer una época de desarrollo económico en los años siguientes.

El judo se había difundido en España unos años atrás, sobre todo a raíz de su inclusión en el programa olímpico a partir de los JJOO de Tokyo en 1964. Cuando llegó el karate, lo hizo a la sombra del judo. Fue acogido como segunda disciplina en los gimnasios de judo, se integró en la Federación Española de Judo y empezó su difusión. En estos inicios es cuando llegó el maestro Hiruma a Madrid. Tuvo muchas dificultades en los primeros años, incluso para subsistir. Afortunadamente su espíritu y determinación de enseñar karate le hicieron resistir y finalmente, a partir de un pequeño grupo de alumnos ilusionados y fieles que le apoyaron en estos inicios, pudo consolidar una posición como instructor de karate.  Su camino no fue fácil en esta primera época y en ocasiones tuvo que soportar algunas situaciones injustas.

Sus conocimientos y su nivel técnico, unidos a su carácter abierto, propiciaron que adquiriera un rápido prestigio en Madrid y superara todas las dificultades de los primeros años. Cuando se creó la Federación Española de Karate fue uno de los primeros instructores acreditados como Maestro Nacional y llegó a enseñar karate al entonces príncipe Juan Carlos de Borbón, futuro rey de España.

Comenzó entonces, a principios de la década de 1970, su etapa de divulgación del karate en España. Sevilla y Valencia fueron los primeros lugares fuera de Madrid en que enseñó karate. Después siguieron otros, Córdoba, La Coruña, Pamplona… En Valencia impartió su primer cursillo en 1972 a un pequeño grupo representativo del entonces naciente karate valenciano. Volvió otra vez en ese mismo año invitado ya por un grupo de incipientes practicantes, entre los que me encontraba, a los que cautivó con su forma de trabajar, de entender y de enseñar el karate. Con el maestro Hiruma aprendimos que la práctica era dura, conocimos usagi tobi y moro geri, practicamos kumite y “sufrimos” sus patadas. Mae geri era molesto porque generalmente nos derribaba hacia atrás, pero mawashi geri era simplemente humillante porque muchas veces no golpeaba, sino rodeaba nuestro cuello con el pie y acercaba nuestra cara a su puño que venía con un lento pero inevitable gyaku tsuki.

En 1978 organizó la visita del maestro Egami a España, que vino acompañado por su esposa y por el Sr. Tomoji Miyamoto, lo que representó para nosotros un gran acontecimiento. En Valencia estuvieron en los primeros días de junio, y el conocer al maestro Egami marcó la vida de muchos de nosotros, hizo que el karate fuese una constante en nuestras vidas.

El maestro Hiruma ha propiciado que muchos de sus alumnos hayamos viajado a Japón y hayamos practicado allí y que japoneses, maestros y estudiantes hayan viajado a España. Esto ha hecho posible que se establecieran muchas relaciones paralelas de aprendizaje y, sobre todo, de amistad. Todo ello ha enriquecido nuestra práctica, nuestra perspectiva del karate y nuestras relaciones. Es otro gran motivo de agradecimiento al maestro Hiruma.

Con la fundación del Hombu dojo en Madrid en 1983, tenemos una referencia física de la práctica del karate del maestro Egami, un lugar dónde acudimos de vez en cuando, quizá menos de lo que deberíamos, sus alumnos más antiguos de España y de los otros países de Europa con los que mantiene relación. Ese mismo año nos visitó el maestro Hironishi, del que guardamos también un entrañable recuerdo de sus enseñanzas, de su persona y una anécdota:

En la visita a nuestro dojo en Alboraya (Valencia), en el que teníamos un makiwara “hand made”, bastante duro por cierto, al menos para nosotros, estuvo probándolo con gyaku tsuki y al cabo de cuatro o cinco golpes el makiwara se partió, con gran regocijo de todos los que allí estábamos y también del maestro Hironishi.

A principios de la década de 1990, al tiempo que difunde el karate del maestro Egami en otros países europeos, Portugal e Italia principalmente, se despierta en el maestro Hiruma su espíritu viajero y el viejo continente se le queda pequeño. Desde Cuba, Chile, Méjico, Marruecos y otros países, distintos grupos de practicantes que han tenido un conocimiento indirecto del karate del maestro Egami, piden al maestro Hiruma que les  visite y les enseñe y mantiene con ellos un contacto regular. Otros lugares, como el monte Kilimanjaro, Sudáfrica y la isla de Pascua han sido algunos de sus destinos más exóticos y así hasta ahora.

Podría pensarse que en estos últimos años con la edad estaría cansado, que querría estar tranquilamente en su casa en el campo, estar con sus nietos, acudir de vez en cuando al dojo, recibir visitas… Pues no. Sigue en plena actividad, viaja, enseña, practica, investiga, va a nadar todos los días… ¡Incansable!.

Siga así, maestro.

Valencia, 8 de julio de 2016

Eloy Izquierdo