Shotokan y Shotokai

Sobre Shotokan y Shotokai

 

 

Del libro de Kenji Tokitsu. Histoire du karate-do

(con autorización del autor)

 

 

 

Cap. IV. Las particularidades de la gestualidad de Shotokan

 

La apreciación positiva de la escuela Shotokan se encuentra generalmente unida al aspecto dinámico de los movimientos. En efecto, la exageración de las posiciones bajas y la envergadura de los movimientos dan la posibilidad  de desarrollar la fuerza muscular que es necesaria para prepararse para una práctica duradera. Aun si en la realidad de un combate no es necesario hacer tal o tal otro movimiento exagerando la envergadura gestual y la fuerza, este modo de hacer puede ser útil y eficaz como ejercicio preparatorio al combate. Sobre este plano, el estilo del entrenamiento de Shotokan es muy exigente y su entrenamiento de base es eficaz.

 

La crítica principal hecha a la escuela Shotokan lleva al mismo aspecto evaluado pero al contrario. Si el estilo de entrenamiento fijado por esta escuela presenta las ventajas que acabo de indicar, es precisamente por el hecho mismo de la “fijación” de estos hábitos que es criticado en general ya que la forma de entrenamiento que es eficaz para una persona joven no durará para siempre; su cuerpo y su nivel evolucionarán con la edad, tendrá necesidad de entrenar de diferente manera. De un modo general, el modelo de entrenamiento está fijado en el estilo de una escuela y es difícil que un individuo se deshaga del cliché del estilo. La particularidad de Shotokan es que los gestos se llevan casi hasta el límite, lo que vuelve difíciles las variaciones y no facilita la evolución personal que debería normalmente encontrar su lugar a partir de una cierta edad. Cuando se ven documentos que muestran el trabajo técnico de G. Funakoshi, la diferencia con las posturas usuales de Shotokan contemporáneo es tal que se puede uno preguntar si se trata en realidad del mismo estilo.

 

El gasto energético es más grande en Shotokan que en las otras escuelas, en razón del tipo de entrenamiento, lo que constituye su mérito si se adopta este método solamente como la primera parte del aprendizaje de un joven practicante. Pero practicándolo como un estilo que no conoce flexión, aparecen un gran número de traumatismos y dolores a partir de una cierta edad. Son frecuentes entre los practicantes de Shotokan de más de 35 o 40 años. A menudo se trata de traumatismos de las articulaciones (codos, rodillas, caderas) y problemas en la columna vertebral. El último traumatismo es tan importante que sus consecuencias tienden a persistir a lo largo de toda la vida. Es indispensable precisar aquí que este problema no es propio de Shotokan. Por diferentes razones relacionadas notablemente con el lado espectacular de los grandes movimientos durante las competiciones, otros estilos tienden también a exagerar sus movimientos con las mismas consecuencias. El aspecto negativo de Shotokan podría ser transformado en un mérito incontestable a condición de situar este modo de entrenamiento como un momento transitorio en un método evolutivo.

 

Históricamente, estas particularidades gestuales de Shotokan provienen de los esfuerzos de renovación efectuados bajo la impulsión de Yoshitaka Funakoshi y sus condiscípulos, antes y durante la segunda guerra mundial. Para comprender los problemas consecutivos a los cambios técnicos de Shotokan, basta con considerar un hecho sencillo.

 

Yoshitaka Funakoshi, enfermo desde su infancia, no tenía una larga esperanza de vida. Invirtió toda su energía en la búsqueda de la eficacia en karate con sus jóvenes condiscípulos que, ellos también, vivieron en la perspectiva de una corta vida a causa de la guerra. “Morir a los veinte” es una idea profundamente anclada en los jóvenes japoneses de este periodo. Ellos buscaban un karate inmediatamente eficaz y aportan modificaciones técnicas en una atmósfera social que la perspectiva hunde en una muerte inminente. Los riesgos de traumatismos en diez o veinte años que podría causar el entrenamiento no tienen sentido para ellos y la preocupación de evitarlos  en la elaboración técnica ni siquiera roza su espíritu. En efecto, si estás destinado a morir a los 20 o 25 años, ¿qué importancia tienen para ti los dolores de espalda o de rodilla que podrías tener a los 40 años? Viven pensando: ”hace falta ser más fuerte hoy, para estar preparados a morir mañana”.

 

Después de la guerra, los adeptos a Shotokan continúan practicando el modelo puesto a punto durante la guerra, ya que este karate representa un resultado y una eficacia. Además buscan dinamizar más las técnicas tomando como modelo el estado de ánimo del período de la guerra.

 

La causa de los problemas es ahora clara.

 

El método del Shotokan moderno resulta de una búsqueda de la eficacia llevada en la perspectiva de no sobrevivir a la guerra: Por consiguiente, las consideraciones sobre el estado del cuerpo a las diferentes edades están ausentes. Ahora bien, este método es aplicado hoy en día en sociedades donde la esperanza de vida se alarga y donde las edades de los practicantes se diversifican, de aquí la contradicción.

 

  1. Las corrientes de Shotokan

 

  1. Funakoshi se oponía a los ejercicios de combate libre y, desde el comienzo de sus enseñanzas tuvo tiempo de mantener conflictos con jóvenes alumnos que estaban tentados de medir su capacidad en combate después de algunos años de aprendizaje de karate. Muchos alumnos intentaban practicar el combate libre en ausencia de G. Funaskoshi. Su hijo Yoshitaka estaba entre aquellos que intentaban elaborar técnicas de combate libre. Aquí se encuentra una de las razones de divergencias relativas a la concepción y a las formas de práctica del karate que se han desarrollado en el seno de la escuela Shotokan después de la muerte de estos dos maestros.

 

La Japan Karate Association fue formada en origen por un grupo de dirigentes de clubes de karate universitarios entre los cuales existían tres corrientes importantes. Durante el estallido, una se impuso sobre las otras dos las cuales se retiraron. Cada uno de los tres grupos, desarrollando sus particularidades, se proclamó el auténtico heredero de la transmisión de G. Funakoshi. Es por esto que la escuela Shotokan no está hoy en día representada por un solo grupo.  Comporta diferentes corrientes de las cuales las tres principales son:

 

– La Japan Karate Association (JKA).

– El grupo Shotokai (Asociación Shoto)

– El grupo universitario.

 

Los dos primeros son a menudo considerados como dos escuelas diferentes, pero en su origen fueron organizadas por las mismas personas, puesto que es la Asociación  Shoto (Shotokai) quien fundó la JKA.

 

¿Por qué estalló entonces el Shotokan?

 

Este texto de M. Hironishi nos explica una de las causas principales de este estallido.

 

El maestro Gichin Funakoshi falleció el 26 de abril de 1957. Al día siguiente debíamos reunirnos entre sus antiguos alumnos para organizar la ceremonia funeraria ja que el grupo JKA había declarado que no participaría en los funerales si estos no fueran organizados exclusivamente por él. Esto nos chocó mucho a Egami y a  mí, porque una declaración así era inimaginable.

El hijo mayor del maestro nos había dicho: “Yo pienso hacer la ceremonia como Shotokai (asociación shoto), ya que mi padre era presidente de Shotokan y Shotokai, pero el primero ya no existe como organización desde que se quemó. Mi padre no era presidente de ninguna otra organización…”

Mientras, según la JKA el Maestro Funakoshi era su último consejero técnico y era en honor de este título que exigía dirigir la ceremonia.

Los dos grupos se reunieron y Egami aceptó el papel de negociador con el grupo JKA que estaba dirigido principalmente por los antiguos alumnos de las universidades Keio, Takushoku y Hosei, todas reputadas en karate desde el periodo de ante-guerra. El grupo Shotokai estaba formado principalmente por las universidades de Chuo, Senshu, Gakushuin, etc… Aparte de la universidad de Chuo, todas habían empezado a enseñar karate después de la guerra y eran pues poco sensibles a las diferencias entre el Shotokan y Shotokai. La universidad de Waseda participaba en estas dos organizaciones desde el comienzo…

En esta reunión tomé la palabra para explicar las siguientes cosas: “el grupo JKA no admite el valor de las katas Taikyoku y no las practica. Si consideráis el maestro Gichin como último consejero técnico no es lógico excluir sus obras…”

En el mes de diciembre de este mismo año M. Nakayama, el primer maestro de la JKA vino a verme y dijo: “Quiero que entres a la JKA sin hacer demasiados problemas. Primero entra e intenta mostrar tu punto de vista a los demás”.

Yo le respondí: “Antes de toda discusión, ve a presentar las excusas de vuestro grupo a la familia Funakoshi. ¿Cómo podría yo formar parte de un grupo que ha rechazado participar a los funerales del maestro? Admite también las kata Taikyoku como obra del maestro y practícalas. Si aceptáis estas dos condiciones, podré pensar en tu proposición”. […]Desde entonces no he tenido jamás la ocasión de hablar con Nakayama.

 

  1. – La Japan Karate Association, JKA.

Ésta está dirigida principalmente por ancianos de la universidad Takushoku cuya tendencia nacionalista de extrema derecha es bien conocida en Japón. La JKA es la corriente de la escuela Shotokan más conocida fuera de Japón. Esta corriente ha desarrollado un estilo unificado y un sistema de competición de kata y combate. Constituye hoy en día una organización internacional independiente. Su afiliación a la “Unión Mundial de Organización de Karate” es a menudo evocada, pero no se ha realizado aún. Organiza actualmente su propio “Campeonato del mundo” de kata y combates.

 

Las katas son ejecutadas con gestos amplios, el cuerpo en posición baja, las piernas bien separadas. Se busca una expresión de potencia y una cierta estética de movimiento. Las variaciones de ritmo: rápido, lento, con tiempos de parada son apreciadas. La principal crítica que se les dirige es que estos kata son bellos de ver, pero que los ritmos y la amplitud de los movimientos son tan exagerados que es difícil de encontrar una relación directa con el combate. Sin embargo su valor es reconocido, como base de partida, desarrollando a través de grandes movimientos, la estabilidad y la potencia de la cual se tendrá necesidad para llegar lejos en la vía del karate.

 

Las competiciones de combate se efectúan sin protección. El control es exigido para los golpes dados al adversario. En general los puñetazos o las patadas a la cara deben ser detenidos justo antes de tocar, a una distancia de 0 a 3 cm. Esta forma de control es extremadamente difícil, ya que hace falta que antes del momento de la detención, cada golpe sea suficientemente rápido y potente para que, si llega realmente, haga caer al adversario. De esta manera, bien que haya esfuerzos para aplicar esta regla, un poco de sangre es inevitable (sangra la nariz, la boca, dientes rotos, etc.) Se utiliza a veces pequeños guantes de protección, pero es insuficiente para evitar completamente este tipo de accidente.

 

El control se exige también para los golpes al cuerpo; en realidad estos llegan sin preocuparse demasiado del control. Pero hay pocos accidentes, ya que la preocupación de marcar los puntos respetando las posturas requeridas y con rapidez impide a menudo que los golpes penetren suficientemente y la pared abdominal es mucho más resistente que la cara. El desarrollo de la competición es muy rápido, y el combate se hace con movimientos netos. Se critica a menudo este tipo de competición ya que no permite desarrollar las capacidades de un combate verdaderamente eficaces, eficacia tan solo buscada dentro de un marco demasiado limitado para un arte marcial y el control destinado a una ilusión. Se da como ejemplo de este aspecto ilusorio el hecho que una persona que para un ataque a la cara de un golpe controlado (normalmente destinado a ser parado antes de la cara), hace frente a un impacto mucho menos fuerte que si el golpe fuese dirigido sin control. Por otra parte, un ataque al cuerpo, incluso si no tiene la potencia suficiente para ser eficaz, vale un punto si llega en un buen momento.

 

Las críticas que acabo de resumir no conciernen solamente la JKA, sino a todas las competiciones deportivas de karate.

 

  1. – El grupo Shotokai.

 

El Shotokai es hoy considerado a menudo como una escuela independiente del Shotokan, pero ambas eran en principio idénticas. Shotokai significa la Asociación (kai) de Shoto y, originalmente, las dos denominaciones Shotokan y Shotokai eran utilizadas por el mismo grupo de personas que se entrenaban bajo la dirección de G. Funakoshi. Es después del estallido de la primera JKA que las dos denominaciones empezaron a connotar diferencias de estilos. El grupo Shotokai fue dirigido después de esta época por Shigeru Egami, uno de los mejores discípulos de G. Funakoshi. Este grupo conoció un desarrollo importante en la universidad de Waseda en Tokyo de donde S. Egami salió. Esta universidad privada de buena reputación contaba también con un grupo que formaba parte de la KJA. Pero hoy en día la universidad Waseda tiene su estilo de karate que está más cerca del estilo enseñado por Gichin y Yoshitaka Funakoshi, incluyendo la participación a competiciones de combate. Tiene, pues, más aspectos comunes con la tercera corriente.

 

  1. Egami utilizaba las dos denominaciones, Shotokai para designar el grupo, Shotokan para su dojo, lo que por otra parte, es la lógica de origen. El estilo de S.Egami ha evolucionado considerablemente y se distingue también del de Funakoshi y del de la JKA. Es por esto que el Shotokan y el Shotokai se han convertido en el curso de la evolución dos escuelas diferentes. En efecto, S. Egami ha modificado considerablemente el karate que aprendió de G. Funakoshi respetando sus ideas fundamentales. La aportación de S. Egami es apreciada diversamente por los adeptos de Shotokan ya que unos lo consideran como un desarrollo positivo del karate de Funakoshi y otros como una deformación.

 

Estudiaremos de más cerca la evolución de S. Egami, puesto que es característica del enfoque de los adeptos que buscan hacer del karate un budo en el sentido japonés del término.

 

II.- El karate de S. Egami, la escuela Shotokai

 

Una de las aportaciones mayores de Shigeru Egami es haber planteado los problemas fundamentales que conlleva la práctica del karate y haber intentado responder a través de una experimentación sistemática. Este texto que escribió en 1970 ilustra bien su enfoque.

 

¿Es el karate una técnica para matar? El maestro Funakoshi nos enseño que en karate nunca se ataca el primero y que no hace falta ir al encuentro de la naturaleza a través del cuerpo y el espíritu. Sin embargo, hace más de una decena de años, cuando volví a encontrar uno de mis colegas de karate de otros tiempos, me dijo: “¿Cómo? ¿Continúas aún la formación de asesinos?”. Estas palabras me sofocaron de sorpresa. Por lo que había dicho, había que admitir que había gente que pensaban como él. Recusando su opinión, me costó persuadirme a mí mismo. Aunque se diga que el karate es un budo o hyoho (arte de la estrategia) que comporta un entrenamiento espiritual, ¿no es esta una justificación hipócrita de simples técnicas destinadas a romper la cabeza y a matar? Cada vez que he sido invadido por este interrogante, yo mismo me he dicho: ”No, no es posible…Es imposible”. Pero he tenido que reconocer una carencia profunda dentro del karate de nuestra época y en las maneras de practicar y de entender la significación de los kata.

Atravesé periodos de angustia, de impasse de tortura que fueron una lucha sangrante contra mí mismo y acabé por comprender qué es el heiho, método de la paz que proviene de la adquisición de la cultura japonesa. Me embargo una emoción que hizo temblar todo mi cuerpo de alegría, cuando entendí la vía del heiho, la vía del método de la paz. Hoy la vía del karate ha perdido su calidad y se ha degradado hasta el punto de ser calificada como entrenamiento para matar. Debo contribuir a redirigirla hacia una verdadera vía, la vía del karate; esto quería enseñarnos el maestro Gichin Funakoshi. Pienso que es mi única vocación, ya que soy adepto a la vía del karate.

 

Heiho, el método de la paz, nos enseña a vivir verdaderamente más allá de vida y de la muerte, a vivir una vida verdaderamente magnífica.

 

¿Cómo debe ser el karate-do, método de la paz, heiho? ¿Cómo debo actuar para transformar cualitativamente la técnica de combate en método de la paz? ¿Cómo concebir las técnicas de cuerpo? ¿Cómo debo abordar los problemas del espíritu? Día tras día, me entrené invirtiendo mi vida en afrontar estas preguntas. Me entrené limando mi vida a fin de sobrepasar cada día el entrenamiento de ayer. Viví a fondo día tras día sin dejarme llevar por el pensamiento del mañana, reteniendo mi pensamiento aquí y ahora.

 

Gracias al maestro, a mis predecesores y a mis alumnos conseguí aproximarme a las técnicas que buscaba. Si alguien me pregunta: “¿Continúas la formación de asesinos?”. Puedo responder: “No”, con convicción. Conozco claramente la dirección hacia la cual debo avanzar hasta que haya consumido toda mi vitalidad. Nosotros, los hombres mediocres, tenemos que caminar a cada paso sosteniéndonos por verdaderas amistades hacia el estado último de la vía. Yo, que siempre he buscado vencer, que he perdido cada vez la lucha de la vida, he acabado por conseguir este pensamiento. Es una vía que han seguido los japoneses, con el verdadero espíritu japonés, el espíritu original de los japoneses.

 

  1. – El itinerario de S. Egami (1912-1981)

 

Shigeru Egami nació en 1912 en Kyshu, de una familia de comerciantes. A su llegada a Tokyo, empieza con pasión la práctica del karate. Antes, había sido iniciado al judo sobre la edad de trece años: Después de haber pasado con ciertas dificultades el examen de entrada de la Universidad Waseda en Tokyo, empezó estudios de comercio, pero, es el karate lo que descubre. Es en esta universidad, el primer alumno de G. Funakoshi al cual permanecerá fiel toda su vida.

 

Su alumno Haruo Kudo, director del club de karate de la Universidad Gakushuin resume así el itinerario de su maestro:

 

Durante toda su vida, el maestro Egami fue el primer discípulo del maestro Gichin Funakoshi. El maestro Egami decía “El karate del maestro Funakoshi, en su juventud, ha debido ser ligero y sin malgaste de fuerza. Es necesario que nuestro karate sea parecido y que se inspire en este modelo”.  Es por eso que considero que el karate del maestro Egami es de estilo Funakoshi-Egami, el que inspira la escuela de Shotokan superior.

En los años 30 el maestro Egami soñaba con construir el karate con el maestro Yoshitaka Funakoshi a partir de la enseñanza del maestro Gichin Funakoshi. Pero, el maestro Yoshitaka Funakoshi murió joven, por eso el maestro Egami ha debido de continuar solo con el corazón lleno de lágrimas su trabajo de construcción de la escuela de Shotokan superior…

 

Hacia 1955, el maestro Egami tenía algo más de 40 años, empezó en sus clases en el dojo de nuestra universidad, la búsqueda de un karate ligero, sin malgaste de fuerza. Rechazó audazmente las concepciones y las técnicas de karate que había adquirido hasta entonces. Transformaba todas las técnicas fundamentales, por lo que los alumnos avanzados sintieron un complejo de inferioridad respecto a los debutantes que podían aprender directamente las nuevas técnicas. Pero pienso que es el maestro Egami quien ha debido sentir el mayor complejo de inferioridad.

 

Durante los cursos, tuve la ocasión de hablar con el maestro Egami con el que pasábamos una decena de horas cada día. El maestro apreciaba las técnicas y las personalidades con una gran frescura de espíritu. Había empezado a estudiar los ciclos energéticos de la luna y el sol. Planteaba, incluso a mi, preguntas sobre la telepatía y el toate (golpe a distancia) […] Decía que para un tsuki era necesario apuntar dos metros más allá del blanco, que el podía saber cómo se entrenaban sus alumnos sin mirarlos, que sería posible hacer caer a una persona sin tocarla, etc.…

 

En efecto, durante la última parte de su vida, S. Egami se dirige hacia la búsqueda energética y la comunicación interpersonal y orienta su karate hacia el misticismo. Podemos pensar que su estado de salud ha tenido una influencia importante en esta evolución y sobre su investigación sobre la eficacia. En efecto, tuvo desde su infancia problemas digestivos y a la edad de 24 años fue afectado por la tuberculosis tras una neumonía. Sin embargo, antes y después de sus enfermedades, S. Egami tenía reputación de tener un cuerpo particularmente sólido. Estaba orgulloso de sus músculos “de acero” decían sus condiscípulos. A pesar de ello a partir de la cuarentena, sufre periódicamente de mal de estómago, de pulmón y corazón que se agravaran de año en año. Pienso que estas experiencias orientaron su búsqueda del karate creándole una actitud introspectiva.

 

En su búsqueda S. Egami estuvo fuertemente influido por otros dos maestros. Dos máximas se reflejan  directamente sobre sus enseñanzas, la de Morihei Ueshiba, fundador del aikido:

 

“El fundamento del aikido es el amor”

y la de Shoyo Inoue, fundador del shinwa-taido:

Hay que captar la energía unificadora del universo”.

 

  1. Kudo continua:

 

Después de 1956, el maestro Egami tuvo que sufrir dos nuevas intervenciones quirúrgicas y su estado de salud se agravó. Ya no podía mostrarnos las técnicas en kimono de entrenamiento. ¿Sería yo capaz de ser un maestro de artes marciales sin poderme mover? Esta cuestión a la que nadie se habría enfrentado se convirtió para el en el tema de su vida de hombre después de la cuarentena. Además, experimentaba un complejo de inferioridad, ya que había debido poner en tela de juicio todos sus conocimientos técnicos y tenía además que enfrentarse a dificultades económicas.

 

Karateka clavado sobre su lecho de enfermo, no podía entrenarse. Meditando su karate en esta situación, fue capaz de sentir la presencia de alguien con los ojos cerrados, lo que le dio una esperanza y una nueva base sobre la que construir su karate.

 

  1. Egami escribió:

 

Tres años se han colado desde que morí una vez. Se trataba todo lo más de una decena de minutos. Supe más tarde que había sido víctima de una crisis cardiaca. Durante esos minutos tuve una experiencia preciosa. Cara a cara con la muerte, el último dolor, la agonía y la tristeza, la soledad en este instante sobrepasó toda descripción. En la vida cotidiana, decía que hay que vivir permanentemente con el estado de ánimo de los momentos difíciles, y yo enseñaba este estado de ánimo en karate. Pero esta experiencia hizo hundirse todas mis pretensiones. Cuando volví a la vida, ¡qué alegría aquella! Todo lo que veía brillaba de luz y tuve la alegría de poder sentir una verdadera vía. Estaba tan lleno de alegría y de placer  que hablaba espontáneamente a todos.

 

Pienso que las experiencias de S. Egami de vivir muy cerca de la muerte y también, como escribió el mismo, “de haber muerto una vez”, agudizaron sus percepciones energéticas a un grado importante. Es probable que sus experiencias activaron en el una capacidad excepcional. Sobre este punto el testimonio de Masaru Mizushima, miembro del Consejo de administración de la Asociación Shotokai, es interesante:

 

Empecé karate para volverme fuerte, pero mi objetivo ha cambiado progresivamente…En el dojo, había una dama que me superaba en dos kyu. Cuando hacíamos ejercicios de combate, no podía tocarla nunca  ella me proyectaba, fui extremadamente humillado, lo que me dio un impulso para entrenarme. Pero durante el entrenamiento, como era siempre dominado por mis condiscípulos, quise vencer esta situación. Fue entonces cuando uno de mis mayores me llevó a casa del maestro Egami por primera vez y mudo, no pude pronunciar una palabra. Desde entonces, empecé a visitar de vez en cuando la casa del maestro y, escuchándole, empecé a entender una nueva dimensión del karate.

 

En el curso del entrenamiento, cuando toqué la primera vez la mano del maestro, transpiré enormemente sin razón aparente. En el primer ejercicio de combate con el maestro, sin que el me tocara, fui proyectado y perdí el conocimiento, lo que era incomprensible. El maestro me entreno de la misma manera en tres ocasiones. Y desde tres años aproximadamente, cuando me entreno, me llega a provocar este mismo fenómeno curioso. Así constaté la profundidad del karate-do.

 

M.Mizushima no fue el único en ser proyectado por S. Egami sin que este le tocara. Un gran número de adeptos de Shotokai atestigua una experiencia similar. Podemos hacernos una pregunta. ¿Se trata de un karate que se acerca a su forma ideal? ¿Se trata realmente de un fenómeno de arte marcial? ¿La dinámica física que existe entre el maestro y el alumno explican la mayor parte? ¿Se trata realmente de un fenómeno energético que puede ser explorado por un método de karate que habría descubierto S. Egami? Dejemos la pregunta abierta.

 

Volvamos al texto de H.Kudo:

 

En 1963, a la edad de 50 años, el maestro Egami acabó por descubrir que las ondas magnéticas penetran en el cuerpo humano por el lado derecho. Desde este día en el espacio de dos o tres años, consiguió establecer el karate a larga distancia, el karate con el toate (dar un golpe sin tocar el cuerpo del adversario)…

 

Así tomo una nueva salida a los 50 años, ya que consiguió hacer una fusión del cuerpo y del espíritu fundiendo su blandura, su debilidad y su ligereza con sus descubrimientos sobre el ki, el toate y las ondas magnéticas del cuerpo humano. Pero la dificultad lo acompañó siempre, y tuvo que ser hospitalizado en 1967 tras una crisis cardiaca…

 

El 10 de octubre de 1980 durante un curso para enseñantes, el estado de S. Egami se agrava. Fue transportado al hospital donde dos días después tuvo una hemorragia cerebral. No retomó la consciencia y murió de una neumonía el 8 de enero de 1981, a la edad de 68 años.

 

  1. Los errores de S. Egami

 

  1. Egami piensa que, a pesar de las indicaciones de G. Funakoshi, siguió mucho tiempo una vía errónea dentro de su búsqueda del karate. Escribió:

 

Lo que escribo aquí no es más que una expresión del proceso de mis reflexiones y de mis experiencias durante cuarenta años de camino dentro de la vía del karate. Sería feliz si pudiera aportar una ayuda a aquel que busca convertirse en experto de esta vía. Pienso que el maestro G. Funakoshi intentó trazar un camino durante los 90 años de su vida; siguió una vía difícil. He llegado hasta aquí caminando sólida y voluntariamente sobre el caminó que nos indicó. Caminar sobre un camino marcado por nuestros predecesores no tampoco es fácil ya que hay siempre problemas de estado de ánimo para nosotros  que somos hombres ordinarios. Incluso si un camino ha sido desbrozado una vez hay quien se pierde con el tiempo. Por eso algunos se extravían y otros entran dentro de un laberinto a fuerza de querer precipitadamente encontrar eficacia. Llegando a veces a dudar sobre abandonar esta búsqueda penosa. Sin embargo somos felices ya que hay en todo caso un camino que ha sido trazado al menos una vez. Quitando las hierbas y las piedras podemos percibir las trazas del camino.

 

Un día de mi juventud me extravié, abandoné este camino y encontré en un laberinto…Tarde tiempo en comprender esta situación y para volver sobre el buen camino tuve que atravesar un periodo penoso y difícil. Cuando me encontré en la buena vía, tenía ya más de 40 años. Pero encontrarme en una vía justa me llenó de alegría y desde ese día he podido hacer frente a otros tipos de dificultades y he llegado en todo caso hasta el último punto del camino que mi maestro trazó. No hay que apresurarse nunca, es la lección que saqué de mis experiencias…

 

Cuenta esta anécdota […] que ilustra el entrenamiento que practicaba entre los 25 y 30 años y los consejos dados por G. Funakoshi.

 

Hacia 1936 alrededor del maestro Yoshikata Funakoshi, los jóvenes alumnos se reunieron para construir el dojo central que se llamó Shotokan a partir del seudónimo en caligrafía del maestro Funakoshi. Llamábamos este dojo “Honbu dojo” (dojo del centro).

Todos estábamos muy orgullosos de este dojo magnífico que habíamos construido nosotros mismos lo que estimulaba el ambiente de entrenamiento. Los dos maestros Funakoshi, Yoshitaka y Gichin, nos entrenaban con una sonrisa de satisfacción.

 

Fue en 1937 o 1938, poco tiempo después del fin de mis estudios a la universidad. Me entrenaba con empeño, por el día en el dojo de la universidad y por la noche en el Honbu dojo. Una noche entrenaba el desplazamiento de la kata Tekki en este dojo donde no había nadie. Y me hablaba a mi mismo: “Sin poner el talón, poner el pie con sokuto…” y efectué un fumikomi con determinación. Entonces oigo un ruido seco de parquet. Sorprendido, miro al suelo. Mi sokuto cortó en dos una de las láminas de parquet  nuevas. No estaba rota, es como si la hubiera cortado. Me sorprendí y al mismo tiempo contento de haber podido realizar tal hazaña técnica. Pero como había roto el parquet de un dojo nuevo, fui a informar excusándome al joven maestro (Yoshitaka).

 

Desciende al dojo diciendo “¡Ah, bueno! ¿Ha hecho eso? Pero no es fácil de romper”.

Viendo el parquet, exclama:

“¡Oh, es extraordinario! Se diría que ha estado cortado, no roto. Por el parquet no es grave, basta con hacerlo reparar”.

En vez de hacer un reproche, es más bien elogioso para mí y me anima. Interiormente estoy orgulloso y contento. Es en este momento que percibo la presencia del viejo maestro (Gichin).

 

“¿Es usted, Egami, quien ha roto este parquet?”

“Sí, maestro, os pido perdón”.

Pidiéndole perdón pienso para mí que me felicitará.

“Sígame”.

Le sigo a su habitación del primer piso. Sentado ante el maestro, me siento un poco inquieto. Al cabo de un momento de silencio el maestro dice.

“Egami, ha hecho otra vez una cosa parecida. El verdadero entrenamiento no debe ser lo que ha hecho. En el entrenamiento de antes no hacíamos cosas así de brutales. En un verdadero entrenamiento, ha que poner una puerta de shoji (marco de madera con una hoja de papel extendida) sobre el suelo y tirar agua encima. Entrenaos sobre este papel sin desgarrarlo y desplazaos sin romper las finas armaduras de madera ejercitándoos en las técnicas con potencia. ¿Comprendéis por qué debemos buscar la técnica?”

 

He aquí una preciosa enseñanza de mi maestro.

 

¿Qué tipo de errores S. Egami pensaba haber cometido en su juventud?

 

Descubrí el karate hacia 1924 cuando estaba en el instituto. Los movimientos extraños y las técnicas de un contramaestre de trabajos de construcción, originarios de Okinawa, me parecían misteriosos e intrigantes, con el tiempo comprendí que no era más que un debutante…

 

Algunos años después, cuando entré a la universidad, empecé seriamente con el karate. El entrenamiento estaba lejos de ser misterioso. Se trataba de repeticiones y de entrenamiento de fuerza. Este entrenamiento satisfizo mi primer  deseo: llegar a ser fuerte. Este tipo de entrenamiento permitía volver el espíritu combativo y fortalecer el cuerpo, pero comprendí progresivamente que se trataba de una fuerza física parcial y superficial…

 

Me entrené en tsuki y en keri con la voluntad de ser lo más fuerte posible invirtiendo mi vida, lo que me permitió obtener una fuerza notable. Pero con el curso del tiempo tuve que comprender los límites de la fuerza física y de la fuerza humana, lo que me condujo a una reflexión sobre la búsqueda posible. Comprendí los límites de un ser humano e intenté alzarlos explorando y creando nuevas posibilidades. Aquel que es débil se convierte en fuerte, aquel que es fuerte se convierte en más fuerte aún, pero hay un límite en la búsqueda de la fuerza física. ¿Qué es que la verdadera fuerza que no se puede obtener por un entrenamiento físico llevado al límite? ¿Existe tal cosa? …

 

Pensaba cuando era joven que el karate debe ser absolutamente eficaz y practicaba el combate libre e igualmente, para reforzar el tsuki, golpeé un makiwara particularmente sólido, en vez de utilizar una plancha ligera, utilicé un poste cuadrado de 9 cm. Así me desvié del verdadero karate…

 

  1. Un replanteamiento radical: la ineficacia del tsuki de karate.

 

Después de largos años de práctica intensa, S. Egami se replanteó las técnicas fundamentales del karate. Realiza dos críticas radicales que examinaremos sucesivamente:

– el tsuki de karate no es eficaz.

– el makiwara es más nefasto que útil.

En sus textos sobre la búsqueda de la eficacia S. Egami se interroga principalmente sobre la eficacia del tsuki. Shozan Kubota, su cadete en Shotokan durante algunos años, me dijo: ”El tsuki de M. Egami era magnífico. La mayoría de los alumnos tomaban su técnica como modelo”. Este testimonio muestra que la técnica del tsuki de S.Egami era ejemplar. Sin embargo él tenía dudas sobre su técnica y buscaba un tsuki verdaderamente eficaz. Tenía fama por su tsuki, así como por sus técnicas de pierna, los keri. He aquí un testimonio de Yukio Togawa, su contemporáneo:

 

Vi a M. Egami la primera vez una noche entrenando en el dojo. Tenía dos adeptos que se entrenaban en un rincón del dojo. Uno atacaba libremente encadenando violentamente los tsuki, el otro paraba con sus pies todos los ataques devolviendo todos los ataques de su adversario. Mantenía sus manos en las caderas y utilizaba con una movilidad sorprendente sus dos pies como manos. De vez en cuando golpeaba con su pie la figura del otro. Sorprendido pregunté a mi compañero de dojo: “¿Quién es?” Supe que era Egami, Creo que, entre todos los alumnos del maestro Funakoshi, era el mejor técnico de pie…

 

Volvamos al texto de S. Egami:

 

Durante mucho tiempo me propuse saber si el tsuki de karate era verdaderamente eficaz y estuve atormentado. Hice todo tipo de ensayos de rompimiento: planchas, tejas, ladrillos. Sin embargo, incluso si podía romper ladrillos, no estaba seguro de la eficacia de mi tsuki contra el cuerpo humano. Según mi experiencia, el cuerpo humano es más resistente de lo que se cree y el espíritu le da una consistencia completamente diferente de la de las tejas o los ladrillos.

 

Me invadió la duda sobre la eficacia de mi tsuki y entonces pensé: “Mi tsuki no puede ser eficaz”. Me invadió una gran angustia. Pregunté a diferentes personas y a amigos  karatekas. Unos decían que era ciertamente eficaz y otros que no estaban seguros. En todo caso nadie decía que el tsuki de karate era absolutamente eficaz. Sin embargo la mayoría de la gente decía que existe un tsuki que mata de un solo golpe, lo que no es más que retomar un cliché tradicional de karate. Me parecía que repetían simplemente lo que habían oído, o que ellos creían ciegamente en la eficacia del karate o que intentaban creer en la eficacia del karate acallando las dudas y la angustia que había en el fondo de su pensamiento. Es evidentemente difícil probar la eficacia contra el cuerpo humano. Hay gente que ha probado contra alguien, pero en la mayoría de los casos el resultado no ha sido muy eficaz. Cuando  no era eficaz, disimulaban en general su fracaso.

 

Para que un puñetazo sea eficaz hace falta invertir la fuerza con una cadencia justa. En una situación de combate (kumité) muy seria, algunas veces llega sólo un ataque de tsuki muy eficaz, pero incluso entonces, está lejos del “tsuki que mata de un golpe”. Cuando el tsuki es eficaz en esta clase de situación difiere de aquel que practicamos en técnica de base (kihon) y en kata. En realidad un karateka efectúa su tsuki de manera diferente según se trate de ejercicios de kihon, de kata o de kumité. Cuando un tsuki es eficaz, creo que en la mayor parte de los casos, la eficacia concierne al azar. Lo afirmo a partir de mis experiencias pues he examinado la eficacia de los tsuki recibiendo yo mismo sobre mi vientre, precisamente sobre el plexo solar, decenas de millares hasta hoy en día.

 

Podemos preguntarnos en qué medida esta experiencia de recibir golpes no tuvo una influencia negativa sobre el estado de salud de S. Egami, la cual se agravó a partir de los cuarenta. En las fotos de esta época, está delgado y muy musculoso. Sus músculos abdominales le permitieron resistir a los golpes, pero ¿no acumuló en profundidad los traumatismos progresivos de diferentes órganos? Aun más si S.Egami tenía problemas digestivos desde su infancia. Creo que debemos retener este interrogante, ya que esta cuestión no ha sido abordada suficientemente de una manera científica. Incluso si una persona joven puede resistir a los golpes de una manera aparentemente fácil, ¿no es probable que acumule cada vez un ligero traumatismo que se manifestará solamente años después, cuando haya sobrepasado un cierto umbral? Para aquellos que buscan una práctica a largo plazo es indispensable situar sus entrenamientos en una perspectiva suficientemente larga. Podemos entresacar lecciones de prudencia de la experiencia de S.Egami.

 

S.Egami continúa:

 

Quise saber si mi tsuki era realmente eficaz o no, y como había que hacer para obtener un tsuki eficaz. Pero no podía probar sobre una persona. No tuve más que una solución: invitar a todo tipo de personas a pegarme con toda su fuerza sobre el vientre para estudiar la calidad de los golpes. Recibí golpes de karateka, de boxeador, de kendoka, de judoka, etc.… El resultado de esta investigación fue desolador ya que tuve que constatar que el tsuki de karate era el menos eficaz. Tuve que reconocer una cosa chocante: cuanto más había practicado una persona el karate, más había practicado seriamente, menos eficaz era su tsuki. El golpe más percutiente era el de los boxeadores. Lo que más me sorprendió fue que el golpe de una persona que no había practicado nada era sorprendentemente percutiente.

 

Me chocó profundamente este resultado. ¿Por qué tal resultado? ¿Qué quiere decir? ¿Qué diferencias hay? ¿Qué es la verdadera eficacia? ¿De dónde proviene una verdadera eficacia? Tenía que partir nuevamente a la búsqueda de la eficacia del tsuki.

 

Para dominar la inquietud de ser ineficaz busqué diferentes maneras de efectuar un tsuki y acabé por concluir que la técnica en karate ha de comportar una concentración. En principio empecé concentrando la fuerza física sobre un solo punto de impacto. Durante la ejecución de ataques y paradas, empecé por concentrar la fuerza sobre el lugar por el que toco el cuerpo del adversario. En el curso de esta búsqueda comprendí que el problema de concentración no debe limitarse a leyes físicas y que lo más importante es la concentración mental.

 

En el curso de estos interrogantes comprendí una cosa. Hasta aquí había practicado el karate con una ilusión fundamental: confundía la dureza con la fuerza y perseveraba en endurecer mi cuerpo pensando obtener más fuerza cuando endurecer el cuerpo equivale a parar el movimiento. Este es un defecto fundamental. Tuve entonces que empezar por amasar y aligerar el cuerpo que había endurecido durante tantos años de esfuerzo.

Me decidí a partir de nuevo de cero rechazando totalmente aquello que creía haber adquirido hasta entonces. Me fijé como objetivo llegar a las formas y movimientos naifs y espontáneos, como si me hubiera vuelto un principiante. Cuando probaba con esta actitud, descubrí que obtenía mayor eficacia. Comprendí en aquel momento la enseñanza del maestro Funakoshi: ”No hay que ir nunca contra la naturaleza”.

 

Recordé en aquel momento los diferentes tsukis de los maestros: el maestro Funakoshi ejecutaba un tsuki de una manera natural y descontraída; el maestro Shimoda lanzaba un tsuki con ligereza, pero nunca lo pude parar ya que su brazo no se movía ni un centímetro; el terrible furi-tsuki (tsuki latigazo) del maestro Yoshitaka Funakoshi…

 

Si el ataque del adversario no tiene verdadera eficacia no necesitáis pararlo seriamente: No necesitáis ni tan siquiera técnica. A un tsuki verdaderamente eficaz debéis hacer frente con una técnica seria de parada, de esquiva. Entonces el verdadero entrenamiento comienza. Así pude empezar un verdadero entrenamiento.

 

El tsuki debe ser absolutamente eficaz. Para ello, hay que pensar que se hace atravesar su fuerza hasta el infinito. Toda la fuerza debe atravesar el cuerpo, sin ser ni siquiera parcialmente reflejado en el momento del contacto. Un verdadero golpe mortal es una concentración de fuerza sobre un punto. Dicho de otra manera, vertéis la totalidad de vuestro ser en el cuerpo del adversario. La eficacia cambiará pues por el estado de ánimo. No se trata de golpear como un ladrón, lo que es lo más despreciable: hay que adquirir un tsuki natural.

 

  1. – El Makiwara es más nefasto que útil

 

En su búsqueda de eficacia del tsuki, S. Egami se entrena asiduamente con el makiwara en un primer momento, después se aleja. He aquí como describe este proceso de evolución y su finalidad:

 

El makiwara es considerado como un instrumento indispensable para el ejercicio del karate. Pensé durante largo tiempo en el makiwara como en el compañero de mi vida. Me ejercité asiduamente con él durante 24 años. Fueran las que fuesen las circunstancias, no falté jamás a un día de trabajo con el makiwara. Incluso en viaje me llevaba un makiwara ya que sin este ejercicio me sentía mal.

 

Pero a medida que pasó el tiempo, mi manera de pensar cambió. Me fui alejando progresivamente del makiwara encontrándole poca necesidad, ya que llegué a no encontrar ningún valor a este ejercicio y en fin, hoy en día pienso que el makiwara es nocivo para el karate.

 

Un día de otoño cuando tenia alrededor de veinte años, ante un castaño del jardín pensé: ”¿Podría hacer caer todas las castañas de un solo puñetazo contra el tronco?”. Rasqué un poco la corteza para facilitar el contacto del puño. Después golpeé con toda mi fuerza. Con un pequeño ruido, solo algunas castañas cayeron como para consolarme. Estaba muy lejos de haberlas hecho caer todas. Además, mi puño se hincho inmediatamente, tanto que me pregunte con inquietud si no se habría roto definitivamente. Después de esta experiencia, obtuve un puño muy duro y sólido, y pude romper planchas y tejas, pero jamas pude obtener una confianza absoluta en la efectividad de la pegada…

 

Encontré a veces personas que tenían los puños callosos a fuerza de entrenamiento con makiwara y cuyas primeras articulaciones estaban cubiertas de una dureza negra y espesa como el talón. Eran manos terribles de ver, pero cuando les pedía que me pegaran en el vientre constaté que sus golpes no eran eficaces. Estas experiencias me llevaron a desconfiar del makiwara. Pero en el fondo de mi mismo pensaba que mi golpe no era como el de los otros y continué buscando golpear de diversas maneras, afrontado algunas dificultades. En el curso de esta búsqueda, me obligué progresivamente a transformar la manera como formaba el puño y acabé por transformarlo completamente. Mi conclusión fue la siguiente: para efectuar un tsuki eficaz, no hay que pegar como se aprende habitualmente, hace falta cambiar la forma del puño. Y si se toma esta forma eficaz no se puede ejercitar al makiwara. Así abandoné totalmente el ejercicio con makiwara. Era sobre 1958.

Continuando mi investigación comprendí también que el ejercicio con makiwara es, no solamente ineficaz, sino nocivo para la salud. Es evidente si se estudia un poco la acupuntura o el shiatsu.

 

Estas  reflexiones y su conclusión son aún más interesantes e importantes si pensamos que S.Egami practicó con detenimiento la forma de karate que criticará después. En lo que concierne al makiwara, por ejemplo, no se trata de la crítica de una persona que razona sin haber practicado nunca. Formula su crítica con el peso de veinticinco años de práctica. Aparece una pregunta simple y grave: ¿Por qué existe el entrenamiento con makiwara y se ha preconizado en la tradición de karate de Okinawa? ¿Es fundamentalmente erróneo? ¿Se trata de una cuestión relativa pues Egami había sobrepasado el método tradicional de karate de Okinawa, y sus consideraciones no se limitaban al makiwara, sino que se extendían al método en su conjunto?

 

  1. – Un nuevo camino

 

El interrogante concierne al método de las diferentes escuelas de karate, tal como el Goju-ryu o el Uechi-ryu donde los adeptos se ejercitan en la fuerza y en la resistencia física y alcanzan efectivamente capacidades importantes. ¿Cómo las debemos considerar? ¿Queda abierta también esta cuestión?

 

S.Egami continúa:

 

Después de esta etapa debí empezar yo mismo a desbrozar un nuevo camino y a seguirlo. La dificultad y la dureza de este trabajo superaban toda expresión. Tuve ganas muchas veces de abandonar y de partir  lejos de esa vía. Se trataba de un trabajo donde invertía mi vida. Lo que puedo hacer ahora es incorporarme, indicar a las personas jóvenes la cima de la montaña y mostrarles como trazar un camino. Hay que confesar que estoy un poco cansado de este trabajo. No puedo ya luchar con los jóvenes. Deseo que avancen y vayan más lejos que yo…

 

Un tsuki se convierte en un tsuki después de haber tocado el cuerpo del adversario. Es inútil preocuparse de la velocidad (que no es más que un estado del tsuki antes de tocar su fin), sino que hay que preocuparse de si el tsuki es verdaderamente eficaz. Para eso hay que entrenarse examinando el estado y el movimiento de vuestro espíritu igual que el del adversario.

 

Busca una solución en la manera de realizar la unidad de cuerpo y de espíritu.

 

Reflexioné sobre este tema, me atormenté, sufrí y finalmente acabé por descubrir que existe un método espiritual shinpo por el cual la fuerza se concentra en la técnica. La verdadera fuerza aparece solamente cuando el cuerpo y el espíritu consiguen formar una unidad.

 

Con estos logros, volví a sumergirme en los entrenamientos que me llevaron a sobrepasar la situación primaria del arte del combate, el estado animal del combate en el cual buscaba ganar a cualquier precio, para ir hacia una fusión con mi adversario. Salí del mundo del conflicto y me encontré en un mundo de armonía y comprendí que era por allí que podía encontrar la vía, la verdadera vía del karate. La idea de la armonía y la vía le parecerán frágiles y débiles para un debutante o a aquel que valora la fuerza física, pero nada hay más fuerte que la armonía y la vía, ya que ellas se sitúan en la más alta cima de la búsqueda de un arte marcial.

 

En el plano técnico, las consecuencias son el paso de la dureza a la ligereza:

 

Mis técnicas cambiaron, yendo de la dispersión hacia la concentración, de la dureza del cuerpo hacia la fuerza en la ligereza. Todo va hacia el estado natural, el que tiene por efecto rejuvenecer el cuerpo y el espíritu. La eficacia y el modo de expresión cambiaron cuando seguí mi método de entrenamiento con técnicas de base, kata y combate. Los cambios deben hacer la práctica más fuerte y más estética. El ritmo de movimientos técnicos equivale a una música, los trazos dibujados en el espacio se pintan sobre una tela que es el universo. Hay que entrenarse con el fin de fundirse con la naturaleza y el universo. La vía del karate puede servir de base a todo tipo de arte y ella es también un resultado último del arte marcial…

 

  1. Egami se interroga largamente sobre la vía del karate y su devenir:

 

Hay que decir que actualmente la situación en el  karate se ha degradado completamente. Ante esta situación siento también una responsabilidad. En mi juventud, pensé y actué con la idea directriz de ser eficaz en una situación real. Practiqué pues, principalmente, el combate libre que es la forma original del actual combate de competición. Para volver potentes mis puñetazos, me entrené al más rígido makiwara. Me aparté así del entrenamiento esencial. No comprendo porque el karate continúa hoy evolucionando en la dirección errónea que era la nuestra hace bastante decenas de años, al contrario de la buena dirección. Si se definiera el karate como una pura competición deportiva no tengo nada que decir. Pero, ¿no es tiempo de reflexionar para redefinir qué debe ser el karate?

 

  1. – El toate: el golpe a distancia.

 

En aquello que concierne al karate de S. Egami se pone otra cuestión: ¿cuál es el alcance y las posibilidades de su karate que explora una nueva forma de eficacia tomando una dirección mística?

 

Hemos visto que, técnicamente, llegó a una eficacia por la cual sus alumnos eran proyectados sin que el los tocara. El toate, el golpe a distancia, significa precisamente: una técnica que permite dominar su adversario sin tocarlo. S.Egami dijo: “Si alguien me ataca, a mí que estoy tan enfermo, morirá”. Según los testimonios que he recogido, S.Egami parecía haber adquirido una capacidad particular a pesar de sus sufrimientos continuos. Las personas que me han aportado estos diferentes testimonios me parecen dignas de confianza. Si, como resultado de su búsqueda de la eficacia del puñetazo en karate, S. Egami ha adquirido tal capacidad en tsuki, este descubrimiento me parece revolucionario. El puñetazo tsuki es una técnica que da un impacto tocando el cuerpo del adversario, transmitiéndole una fuerza a partir del lugar donde le toca. La preocupación de S. Egami era, en un principio, buscar como concentrar la fuerza al momento del impacto. Si llegaba a proyectar esta fuerza, a partir de una posición alejada y sin tocar el cuerpo del adversario, hay que decir que es la forma de tsuki de más alto nivel que podamos imaginar.

 

¿En qué medida la técnica de toate es eficaz?

Esta pregunta no tiene respuesta hoy en día ya que S. Egami murió.

La técnica de toate se muestra a menudo en las demostraciones de Shintaido que prolongan la idea de la práctica de Egami. (Apuntaremos que el karate de S. Egami es practicado hoy en día por los grupos de Shotokai y los de Shintaido, Nueva vía del cuerpo). Pero pienso que lo que se ve hoy en día en Shintaido no tiene la misma calidad que la técnica de S. Egami. Si se trata de la misma cosa, es más un fenómeno psicopatológico que una técnica.

 

Analizo el fenómeno de toate de Shintaido de la manera siguiente. Durante las sesiones de entrenamientos ejercitaos en algunos movimientos de cadencias relativamente simples. Sumergíos en la repetición de estos movimientos con el cuerpo relajado, hasta el agotamiento, obtendréis entonces la sensación que vuestro cuerpo se ha vuelto como las algas del fondo del mar que responden al mínimo movimiento de las corrientes de agua. Estos ejercicios aspiran a suprimir provisionalmente las órdenes voluntarias, percepciones y acciones del cuerpo para dejarlo invadir por sensaciones de un nivel más arcaico. Se podría decir que en vosotros la parte consciente está agotada, mientras que otra parte más espontánea, cercana al registro emocional, predomina. En esta situación la agudeza intuitiva aumenta y la sensibilidad está más abierta a los estímulos venidos de otros. Si os ejercitáis entonces sujetando las manos de un compañero, podrá sentir los más mínimos movimientos. Continuando estos ejercicios empezareis a sentir, a través del contacto sutil de las manos, los movimientos de la voluntad del compañero.

 

La sensación importante es la de una fusión con el compañero. Cuando os sentís con aquellos que están con vosotros, cara a vosotros, alrededor de vosotros, la sensación de estar profundamente juntos, vuestro cuerpo reacciona reflejando sus más mínimas intenciones. Visto desde el exterior, pareceríais en trance y se podría decir que, efectivamente, lo estáis. Cultivando la sensación de comunicación interpersonal, energética en estas condiciones, podréis desarrollar una agudeza particular que os permitirá captar la presencia del otro: sus movimientos primero; después sus intenciones.

 

En este espacio interpersonal hipersensible construido sobre una confianza recíproca, un compañero podrá responder de una manera dinámica a una intención del otro. Cuando los dos compañeros se alejan algunos metros, si un hace un movimiento con el pensamiento de fusionarse con el otro efectuando una extensión voluntaria y espontánea de su cuerpo en su espíritu, el otro, hipersensible, reaccionará como si hubiera sido golpeado por una energía invisible y será proyectado hacia atrás. Pero, contrariamente a la impresión del espectador, aquel que sea proyectado no sentirá el dolor que sentiría si fuera golpeado efectivamente con un puñetazo. Al contrario, sentirá la fuerte sensación satisfactoria de efectuar un encuentro y una fusión energética importante. De alguna manera, tendrá la impresión de haber recibido una descarga eléctrica no agresiva, envolviendo todo su cuerpo, estimulando un punto central de él.

Esta experiencia despertará sensaciones diferentes de aquellas a las que estamos acostumbrados. Durante el entrenamiento una persona puede así aprender a liberar un nivel de energía vital que cotidianamente está controlado. Cuando, por estos ejercicios y por estas experiencias, consigue eliminar estas presiones, puede probar una sensación de estar completamente nueva. Así, estas experiencias pueden ayudar a aquellos que sufren ciertos malestares de origen psicosomático a recobrar la salud haciendo circular mejor la energía y permitiéndoles librarse de diferentes tensiones.

 

He aquí presentado sumariamente mi análisis del proceso del toate. Visto desde el exterior, la situación parece la de una persona que se hace proyectar recibiendo un golpe, pero debemos comprender que no se trata de un golpe similar al que se lanza en el combate de las artes marciales. Es parecido el estado de ánimo, pero no las consecuencias ya que en el combate los dos adversarios están en oposición, su energía combativa se hace daño e interfiere con la del otro, mientras que en el toate los dos compañeros están en armonía y buscan los dos, fundirse con la energía del otro. En combate, si uno de los adversarios es proyectado tan violentamente como en toate, recibiendo un golpe efectivo, tiene el riesgo de ser herido de gravedad o de morir. Mientras que en toate, aquel que ha sido proyectado se sentirá bien tras la recepción, algo como el efecto de un tratamiento radical de bienestar.

 

Pienso que la expresión toate está mal escogida ya que esta palabra significa herir a distancia, evoca la energía de un puñetazo lanzado como un disparo de pistola. Por esto los practicantes serios de las artes marciales han querido comprender este fenómeno y aprender esta técnica. Algunos proponen un desafío, hasta ahora sin respuesta, para comprobar la validez de esta técnica. Acordándonos de la trayectoria encarnizada de S. Egami en su búsqueda de la eficacia del tsuki, si hubiera encontrado este fenómeno en su juventud, habría sido de los primeros en querer probarlo para verificar su eficacia. Según el proceso analizado aquí es evidente que la situación de  combate y la del toate son diferentes.

 

Constatamos en los métodos de Shintaido, la repetición de gestos simples hasta el agotamiento que permite limitar los efectos de la conciencia, la desaparición de algunos malestares, la hipersensibilización a la presencia de otros. Estos elementos son similares a otros métodos empleados por ciertas sectas. Aminoran la conciencia y arriesgan el perder la distancia crítica con respecto a lo que se hace. Si os encontráis bien y descubrís un bienestar mental y físico, todo parece perfecto. Aquellos que no conocen este bienestar os parecerán incluso dignos de piedad ya que están comprometidos en una vía “errónea”. En todo caso  estáis convencidos de seguir la buena vía. Estos son síntomas típicos de la persona bajo la influencia de una secta religiosa.

 

No quiero decir de ninguna manera que el Shintaido sea una secta, al contrario, esta disciplina está basada en una conciencia adquirida gracias a una profundización de las artes marciales japonesas. Sólo quiero poner en guardia contra los riesgos posibles en la aplicación de este método. El fenómeno del toate es un descubrimiento interesante sobre todo en el terreno de los estudios psicofisiológicos. Es tal vez susceptible de dar un apoyo y un punto de referencia concreto para hacer avanzar la reflexión científica sobre la práctica corporal. Sin embargo la ambigüedad y la confusión con la eficacia de un golpe efectivo ponen este fenómeno al margen de las artes marciales con una etiqueta mística que contribuye a impedir acercarse con una objetividad científica.

De todas maneras una cuestión permanece. ¿Son iguales el toate practicado hoy en día en Shintaido, el cual he analizado anteriormente, y el de S. Egami? Creo que no se trata exactamente de lo mismo. Si S. Egami pudo realizar el toate en situaciones de combate libre, ante un adversario que intentaba asestarle un golpe real, esta capacidad es sin duda un resultado magnífico de su investigación. Se trata del auténtico toate en una situación donde la energía de un combatiente se oponen, se hiere e interfiere con la del otro. En la historia de las artes marciales japonesas, se encuentran a menudo testimonios de capacidades similares.

 

La técnica del toate de Shintaido y de ciertas corrientes de Shotokai es accesible a todos por un proceso de entrenamiento. Este permite establecer el cuadro de un condicionamiento que facilita la comunicación energética entre los compañeros. Mientras que el de S. Egami parece haber sido realizado casi independientemente de los condicionamientos. Ciertamente, no podemos verificarlo, me contento formulando una hipótesis. Es después de largos años de un trabajo intenso en las técnicas de combate que S. Egami adquirió su capacidad de toate. Me pregunto si un elemento motor de esta transformación de la técnica no fue la cercanía de la muerte y la integración de la muerte en su práctica. Habiendo dicho “he muerto una vez”, siguió sus investigaciones en karate con una gran proximidad de la muerte durante los últimos veinte años de su vida. Estando en el límite de la vida ¿pudo franquear barreras que impiden abrirse habitualmente nuestras capacidades potenciales? S. Egami no frecuentó la muerte por elección propia. Según los documentos, la mayor parte de aquellos que han desarrollado capacidades extrañas o extraordinarias habían practicado una ascesis que les había conducido cerca de la muerte.

 

Esta actitud ascética es presente en la práctica de las artes marciales japonesas en diferentes grados. La práctica ascética no constituye un objetivo en si misma, pero apunta a una profundización de la consciencia que facilita la comprehensión de fenómenos naturales y sociales. La tradición japonesa de las artes marciales valora esta práctica, ya que esta asociada al pensamiento budista de la profundización de uno mismo dirigido hacia la obertura a la vía universal. La adquisición de una capacidad técnica importante está considerada como un signo concreto del avance en esta vía y de la progresión de la personalidad. Por esto la búsqueda de eficacia va acompañada espontáneamente de una ética. Aquí sale a la luz el pensamiento dialéctico japonés sobre el cuerpo y el espíritu: profundizando en la cualidad y la capacidad técnica por el cuerpo podemos alzar nuestro nivel espiritual y recíprocamente. Pero el trabajo sobre el espíritu pasa por el cuerpo.

 

Así pues dejo la cuestión abierta en aquello que concierne al toate de S. Egami.

 

  1. – El método de la paz.

 

  1. Egami definió el método de la vía del karate que el sigue por el heiho, método de la paz.

No hay un método que permita hacer progresar a los adversarios mútuamente y de vivir mejor el uno y el otro. Se trata de un método que iría más allá del budo. ¿No es necesario buscar tal método? La vía del karate nos propone un tema de búsqueda: cómo vivir nuestra vida que no es más un instante con respecto a la eternidad. Cada instante irrisorio de nuestra vida está ligado a la vida eterna a través de la vía. La vía del karate nos enseña la vida real…El heiho, el método de la paz, forma parte de la tradición japonesa. Se trata de un método para hacer vivir a los hombres y no para matar. Pienso que es alzando la calidad del karate hasta el heiho que llegará a ser un verdadero karate-do.

 

  1. Egami considera que este método es un resultado de su búsqueda del karate, prolongando la enseñanza que recibió de G.Funakoshi. Pienso que se trata en efecto de un prolongamiento magnífico y de un desarrollo del karate tal como el primero lo concibió.

 

Sin embargo hay que reconocer que desde el punto de vista técnico la forma de karate que estableció S.Egami es muy diferente de la que enseñó G.Funakoshi. Comparándolas, estas dos formas aparecen tan diferentes que es difícil pensar que una es el desarrollo de la otra si no tenemos un conocimiento previo de su relación y evolución. En efecto, las diferencias son sorprendentes en la posición del cuerpo para cada una de las técnicas, la cadencia y la amplitud de ejecución técnica, la técnica del puñetazo y de la patada. Desde el punto de vista técnico, creo que se debe considerar que se trata más de una creación nueva sobre la base del karate de G.Funakoshi que de su desarrollo directo. Así es, S.Egami reconstruyó su karate inspirándose profundamente en el Shinwa-taido, fundado por Shoyo Inoue  en el aikido de Morihei Ueshiba. La idea del karate-do por el método de la paz (heiho) reposa ampliamente en el pensamiento de estas dos disciplinas que inspiraron a S.Egami una concepción de la eficacia que superaba la del karate de Okinawa ya que en el fondo de su investigación encarnizada de la eficacia, S. Egami hizo bascular completamente esta noción: partiendo de la búsqueda de la eficacia más inmediata en el arte del combate, se fija en la eficacia que permite sobrepasar el combate, lo que ha dado a su karate una dimensión mística, casi religiosa.

 

En este sentido el karate de S.Egami no es un replanteamiento, ni un desarrollo directo del karate de G.Funakoshi a quien, sin embargo, considera como el Maestro del cual cree ser el sucesor.

 

  1. – Interrogante sobre la transmisión e hipótesis.

 

Shigeru Egami profundizó con pasión en el karate que aprendió de Gichin Funakoshi. En el curso de su búsqueda de eficacia duda de sus técnicas. Para resolver este problema lleva a cabo una investigación personal y afronta un gran número de obstáculos, entre otros sus enfermedades que se agravan cuando sobrepasa la cuarentena. La vía del karate de S.Egami resulta un método de paz, heiho. Cierto, su alejamiento es personal, pero representa de la manera más evidente una de las direcciones en las que el karate de Okinawa evolucionó en las islas centrales de Japón. En efecto, como escribió S. Egami, el heiho como acabó definiendo su karate sumerge sus raíces en la cultura japonesa antigua.

 

S.Egami trabajó largamente bajo la dirección de G.Funakoshi. Recibió de él ciertamente unos consejos y una enseñanza para la formación de su karate. En efecto, dijo claramente que continuaba la vía trazada por su maestro. ¿Por qué entonces se atormentó tan duramente para reconstruir su karate? Si la transmisión del maestro era efectiva, este último podía dar aún consejos y lecciones, incluso siendo mayor. Así es, G. Funakoshi murió en 1957 cuando S.Egami tenía 45 años. Habiendo empezado el karate a los 18 años, S.Egami conoció a G.Funakoshi durante 27 años. Siendo uno de los discípulos más importantes, pudo recibir las indicaciones prácticas que le habrían debido permitir concebir una perspectiva de evolución de su karate de allí en adelante. Ahora bien, aun con sus conocimientos y sus posibilidades, debió poner en duda y empezar otra vez la construcción de su karate; podemos pues considerar que los conocimientos que le aportó el karate tradicional no eran tan importantes ya que, generalmente, en la transmisión del arte del combate, existen indicaciones para la evolución de una persona. Un principiante progresa, con el tiempo recibe del maestro indicaciones evolutivas y al cabo de diez o veinte años de ejercicios, estos le ayudan a encontrar una orientación que dirigirá su práctica en los siguientes diez o veinte años.

 

Sin embargo, en el transcurso de su investigación Egami abandona el ejercicio de makiwara, inseparable de la imagen del entrenamiento de karate y llega a condenar su misma existencia; además, transforma audazmente las técnicas adquiridas hasta entonces.

 

¿Qué significa esto?

 

En lo que concierne al makiwara, hay dos posibles hipótesis.

 

1) Para el verdadero karate o el karate superior que es para Egami su karate, el ejercicio con makiwara no es solamente inútil, sino nocivo. Frena el progreso técnico y tiene una influencia nefasta sobre la salud. Se trata pues de una crítica del antiguo método de karate de Okinawa hecho a partir del descubrimiento de un método superior.

 

2) S.Egami no aprendió el verdadero empleo del makiwara ya que no comprendió su utilización justa. Admitiendo esta hipótesis, G. Funakoshi no enseñó correctamente a sus alumnos el ejercicio del makiwara. Esto nos deja suponer que en Okinawa existe una transmisión del trabajo con makiwara que permite obtener un resultado más positivo del que S.Egami constató, pero este método no se enseñó en el karate introducido en Japón.

 

En todo caso, apoyándose en la idea del heiho, S.Egami forma un karate que es completamente diferente del que se practica en Okinawa. La noción de heiho es una de las formas de resultado de las artes marciales japonesas, donde, yendo hasta el final de la búsqueda de la eficacia en combate, el objetivo se desplaza de la muerte hasta la vida. Esta noción se acerca a la del budo cuyas raíces se sumergen en la práctica de las artes marciales de los guerreros japoneses. El heiho, como el budo, no es un simple arte de combate, ni un replanteamiento directo de las antiguas prácticas de los guerreros, uno y otro apuntan a una formación del hombre a partir de la práctica de las artes marciales. Si bien el término budo existió antes del periodo Meiji (que empieza en 1868), la significación era entonces sensiblemente diferente de la que damos actualmente a este término. La noción de budo que utilizamos hoy en día se remonta directamente a la fundación, a principios del S.XIX del judo y después del kendo a partir de formas antiguas de jujutsu y de kenjutsu. Se trata pues de una noción moderna.

 

La noción de heiho apareció bastante antes  en la historia de los guerreros japoneses, pero no fue elaborada como la de budo por la práctica moderna de las artes marciales; quedaba al margen de la práctica guerrera como una eventual sublimación de las artes guerreras. La idea del arte marcial se desarrolló en Japón según las etapas siguientes: cómo ganar destruyendo al adversario, cómo ganar utilizando menos fuerza, cómo ganar sin matar al adversario, cómo ganar sin hacer daño a su adversario, cómo no hacer la guerra y finalmente cómo establecer la paz. Ciertos guerreros del periodo Edo (1603-1867) incluyeron esta idea en su elaboración del arte de combate pero no fue difundida ampliamente y es si haber sido explicitada que penetra en la ideología de las artes marciales de los guerreros.

 

Podemos constatar la emergencia de heiho y budo en el enfoque de los maestros de sable del siglo XVII. Por ejemplo, Miyamoto Musashi libró más de sesenta duelos a muerte durante su juventud y mató casi todos sus adversarios. Los combates del fin de su vida son poco conocidos. Musashi domina entonces sus adversarios sin darles un golpe. Alcanzó el nivel que le permitía bien inmovilizar, bien rechazar a su adversario sin tocarlo. No se trataba de ejercicios con alumnos próximos, sino adversarios que buscaban darle una estocada mortal. Cuando el adversario pierde en estas condiciones sin recibir un golpe, está siendo conducido a una reflexión profunda sobre su técnica y sobre su manera de ser. Se trata de un descubrimiento importante en la historia del arte del sable ya que, en lugar de matar, el sable puede convertirse en un medio de llevar al hombre a la búsqueda de la significación de su vida. La idea del sable que hace vivir al hombre aparece. Esta idea presente en la noción de heiho e impregna con profundidad la concepción de las artes marciales de los guerreros japoneses del periodo Edo (bujutsu).

 

Vencer al adversario sin darle un golpe es el modelo de referencia de lo que se busca en kendo con el combate por kizeme (ofensiva a través del ki). En kendo, todos los aprendizajes técnicos y los ejercicios físicos se sitúan como medios de conseguir llevar el combate de esta manera. La práctica deportiva del combate está también situada como un paso en este largo proceso de formación.

 

Así, las dos nociones, budo y heiho, están ancladas profundamente en la cultura tradicional de los guerreros japoneses; no forman parte de la cultura de Okinawa cuya formación cultural es bastante diferente de la cultura del Japón. En este sentido, podemos considerar que el karate de S. Egami es una creación entre la fusión del karate de Okinawa y de la concepción de la práctica en las artes marciales japonesas. El karate, introducido desde Okinawa en las islas centrales del Japón en el curso de los años 1920, se desarrolló progresivamente. Hay que aceptar que en el curso de la difusión del karate, este ha evolucionado en Japón fusionándose con las dos ideas de las artes marciales tradicionales japonesas. El karate de S. Egami es un ejemplo.